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El litoral
mediterráneo actual rebosa de edificaciones con calificaciones para todos los
gustos. La Manga del Mar Menor es una barrera de rocas y arena de 20 kms. de
largo cuya anchura máxima no supera los 200 metros.
Los sedimentos que el río Segura vertía al mar, ayudados por los
vientos de Levante, conformaron este largo brazo que separó los mares, creando
un conjunto natural inédito en España y único en el mundo.

Miles de años transcurrieron para configurar lo
que en apenas cuatro décadas hemos transformado en un abominable ejemplo de
urbanización masiva, destrucción del medio natural y bochornoso ejemplo de lo
que nunca se debió hacer.

No me avergüenza confesar que
he visto innumerables veces las películas “En un lugar de La Manga” de Manolo
Escobar, y “La vida sigue igual” de Julio Iglesias, rodadas en La Manga en los
años 60.

Es
emocionante y desolador al mismo tiempo contemplar aquellos inmensos arenales y
dunas rebosantes de conejos, que hoy están sepultados bajo toneladas de
hormigón. Un panorama todavía mas desolador ofrecen ésta y muchas otras zonas
fuera de la temporada estival, cuando la práctica totalidad de las viviendas
están deshabitadas, los comercios cerrados, y el abandono aumenta la sensación
de espacio perdido, naturaleza muerta, desastre ecológico y natural.

La
uniformidad en la construcción deshumaniza estas áreas, que carecen de
personalidad, de carácter, de estilo propio…recuerdan al Nueva York abandonado
del “Planeta de los Simios”.Esta exposición del estado actual de la zona quiero
que sirva como antecedente al sorprendente descubrimiento que hace unos días y
desde el mar tuve la oportunidad de disfrutar desde mi kayak.
Desde Cartagena hacia la derecha, desemboca la
rambla de la Algameca, que vierte su inexistente caudal al mar en dos brazos: La
Algameca Grande y la Chica.
La primera de ellas sirve como puerto militar
cuyo acceso está restringido.

Y la Chica es
uno de los últimos asentamientos “humanos” de la costa murciana.

El hecho de
que cada ciertos años las enormes avenidas cubran este seco cauce con varios
metros de altura de aguas de lluvia, piedras, árboles y todo lo que la rambla
arrase a su paso, ha condicionado hasta hoy la forma de aprovechamiento de esta
ría.
Recibe
nombres jocosos, como “El Benidorm de los pobres”, y es que los 500 metros a
ambos lados del agua que soportan construcciones, están cubiertos de casitas,
cabañas, refugios, o como lo queráis llamar. Yo lo que ví fue la mano del hombre
en cada palo, persiana, bloque, chapa, ladrillo, bidón e infinidad de materiales
realmente reciclados que conforman este núcleo.

Los tejados
están coronados de bidones para el agua, pues no hay ni alcantarillado ni
conducción de agua potable, ni electricidad aparente. Los pequeños embarcaderos
con tablones de mil padres los ocupan barquichuelas con muchas horas de mar, que
estaban siendo pintadas y arregladas por personas de aspecto tranquilo y
relajado, trabajadores amantes del mar, que los fines de semana abandonan sus
casas y vienen a este sitio a disfrutar de la vida. Es una muestra de que
todavía el poder del dinero no ha colmado absolutamente el litoral. El ingenio
humano es la cualidad predominante de la Algameca Chica. Es posible que otros
ojos, saturados de chalets unifamiliares y apartamentos diminutos, vean miseria
donde yo veo creatividad, alegría y espíritu marinero real.
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